Flora y fauna marina de Tabarca: guía visual de las especies que puedes ver en el agua
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Bajas del barco en Tabarca, te metes en el agua con unas gafas de snorkel y de repente entiendes por qué esto es una reserva marina protegida. Bajo la superficie hay un mundo completamente distinto al que ves desde cubierta. Hay peces que no se mueven cuando te acercas. Praderas que se ondulan con la corriente. Manchas oscuras en el fondo que de repente tienen ocho brazos.
La Reserva Marina de la Isla de Tabarca fue declarada en 1986 como la primera reserva marina de España. Casi cuatro décadas de protección han hecho que la biodiversidad de sus aguas sea excepcional para el Mediterráneo occidental. No hace falta ser buzo ni biólogo para disfrutarla: con snorkel básico y algo de paciencia, cualquier visitante puede observar decenas de especies en una sola mañana.
Esta guía te explica qué vas a ver, dónde buscarlo y qué significa cada especie para el ecosistema de la isla.
La posidonia oceánica: el pulmón del Mediterráneo que hay que conocer antes de pisar el fondo
Antes de hablar de los animales, hay que hablar de la posidonia, parte importante de la flora y fauna marina de Tabarca. Porque sin ella, no habría casi nada de lo demás.
La Posidonia oceanica no es un alga, aunque lo parezca. Es una planta con flor, con raíces, tallos y hojas reales, que forma praderas submarinas en los fondos arenosos entre 0 y 40 metros de profundidad. Las praderas de posidonia de Tabarca están entre las mejor conservadas del Mediterráneo español, y eso no es un dato menor: se calcula que una hectárea de posidonia produce entre 14 y 20 litros de oxígeno al día, da cobijo a más de 400 especies animales y vegetales, y actúa como vivero natural para muchos de los peces que después verás en el resto de la reserva.
Cuando haces snorkel en Tabarca y ves esas extensiones de hojas largas y verdes meciéndose en el fondo, estás mirando el corazón del ecosistema. Las bolas marrones que encuentras en la orilla (las llamadas «pelotas de mar» o egagrópilas) son restos de hojas de posidonia compactadas por el oleaje. Son completamente naturales y son señal de que la pradera está sana y activa.
Está protegida por ley. No está permitido anclar sobre ella, pisarla ni arrancarla. Si navegas por la zona y ves boyas de fondeo, existen precisamente para protegerla.
Los peces que verás casi seguro
La reserva marina lleva décadas sin pesca comercial en su núcleo central, y se nota. Los peces han perdido el miedo a los humanos de una forma que resulta casi inquietante la primera vez. Te rodean. Se acercan. Un mero puede quedarse mirándote fijamente desde a menos de un metro sin moverse.
El mero común (Epinephelus marginatus) es probablemente el símbolo más reconocible de Tabarca. Son peces grandes, de hasta 150 cm en los ejemplares adultos, con una librea marrón moteada y unos ojos expresivos que te observan con aparente curiosidad. Son territoriales y solitarios, por lo que si encuentras uno, probablemente lo encuentres siempre en el mismo rincón. Están protegidos en toda la reserva y su presencia en Tabarca es indicador directo de la salud del ecosistema.
El sargo común (Diplodus sargus) es mucho más fácil de ver porque va en bancos. Son peces plateados con rayas verticales oscuras, de entre 20 y 45 cm, que patrullan las zonas rocosas en grupos numerosos. Son muy activos y curiosos; si te quedas quieto, suelen acercarse.
La dorada (Sparus aurata) y la lubina (Dicentrarchus labrax) aparecen con menos frecuencia en aguas someras, pero en Tabarca es relativamente habitual verlas en los fondos mixtos de roca y arena. Ambas son especies de alto valor pesquero que en la reserva se reproducen y crecen sin presión, lo que hace que los ejemplares sean grandes.
La morena mediterránea (Muraena helena) vive en las grietas de las rocas y rara vez sale durante el día. Si haces snorkel en zonas de fondo rocoso y miras con atención en las hendiduras, puedes ver su cabeza asomando. Tiene mala fama inmerecida: las morenas solo muerden cuando se sienten amenazadas o confundidas. No metas los dedos en las grietas y no habrá ningún problema.
El salmonete de roca (Mullus surmuletus), el lábrido con sus colores imposibles, el oblada siempre en grupos cerca de la superficie, la seriola o pez limón que aparece en verano en las aguas más abiertas. Tabarca no defrauda a quien mira con atención.
Invertebrados y crustáceos: el mundo que está justo debajo de tus pies
Si los peces son lo primero que llama la atención, los invertebrados son lo que más sorprende cuando empiezas a fijarte en la flora y fauna marina de Tabarca.
El pulpo común (Octopus vulgaris) está por todas partes en Tabarca, aunque no siempre resulta fácil verlo. Son maestros del camuflaje y pueden cambiar de color y textura en menos de un segundo para confundirse con cualquier superficie. Busca zonas de fondo rocoso con pequeñas conchas o restos de cangrejos cerca de una grieta: suele ser señal de que hay un pulpo en casa. Si tienes suerte, puedes ver uno en plena actividad de caza, moviéndose sobre el fondo con una agilidad asombrosa.
El erizo de mar (Paracentrotus lividus) coloniza las rocas sumergidas formando grupos densos. Son omnipresentes en Tabarca y hay que tenerlos en cuenta si caminas por zonas de piedra porque sus púas son muy desagradables. Ecológicamente son importantísimos: controlan el crecimiento de algas sobre las rocas y forman parte de la dieta de muchas especies. Están protegidos en la reserva.
La estrella de mar común (Echinaster sepositus) es de color naranja o rojo intenso y suele encontrarse en los fondos de roca o en la transición entre roca y arena. En Tabarca no es difícil verlas durante el snorkel. Más rara pero igualmente presente es la estrella de mar violácea (Coscinasterias tenuispina), con hasta nueve brazos y un aspecto más irregular.
El cangrejo ermitaño merodea por el fondo cargando su concha prestada. Los percebes colonizan las rocas en la zona intermareal. La nacra (Pinna nobilis) merece mención especial: es el bivalvo más grande del Mediterráneo, puede medir hasta 120 cm y está en peligro crítico de extinción tras el devastador ataque de un patógeno marino que desde 2016 ha diezmado sus poblaciones. Si ves una en Tabarca, es un avistamiento excepcional que vale la pena reportar.
Medusas en Tabarca: cuándo aparecen y qué hacer
Las medusas son la pregunta que más se repite cada verano. La respuesta honesta es que depende del año, del viento y de la corriente.
La especie más frecuente en las aguas de Tabarca y toda la Costa Blanca es la medusa luminiscente o acalefo común (Pelagia noctiluca), de color rosado o violáceo y con tentáculos largos. Tiene una picadura bastante dolorosa aunque no suele ser grave en adultos sanos. Su presencia es cíclica y muy dependiente de los vientos de levante que las arrastran hacia la costa.
La medusa de huevo frito (Cotylorhiza tuberculata) es la más amigable: tiene forma de plato con un bulto central naranja y sus tentáculos son cortos y prácticamente inofensivos. Es la que más gusta a los niños fotografiar y, aunque su picadura puede causar ligera irritación en pieles sensibles, generalmente coexiste sin problemas con los bañistas.
Antes de ir a Tabarca en verano, consulta la aplicación Medusapp o el Portal de la Generalitat Valenciana para ver alertas de medusas en tiempo real en el litoral alicantino.
Especies protegidas que debes respetar
La Reserva Marina de Tabarca tiene un régimen de protección que establece zonas de reserva integral donde está prohibida cualquier actividad extractiva. Pero incluso fuera de esas zonas, hay comportamientos que siempre deben evitarse.
No toques, persigas ni alimentes a los peces. No recojas erizos, estrellas, nacras ni ningún otro invertebrado. No ancles sobre la posidonia. No hagas pesca submarina (está prohibida en toda la reserva). No arrastres los pies por el fondo rocoso. Y si llevas crema solar, que sea de fórmula coral-safe, libre de oxibenzona y octinoxato, que son los compuestos que más daño hacen al ecosistema marino.
Las sanciones por incumplimiento de las normas de la reserva pueden ser considerables, pero más allá de la multa, el argumento real es que este ecosistema ha tardado décadas en recuperarse. Mantenerlo es responsabilidad de todos los que lo visitan.
La mejor época para ver cada especie
La primavera, entre abril y junio, es el mejor momento para el snorkel en términos de visibilidad y temperatura del agua. Las praderas de posidonia están en plena actividad, los peces son muy activos tras el invierno y la presencia de otros bañistas es mucho menor que en verano. La temperatura del agua ronda los 18-22 grados, tolerable con neopreno fino.
El verano concentra mayor biodiversidad en aguas someras (seriolas, doradas grandes, más bancos de sargos) pero también mayor presencia de bañistas, lo que reduce la visibilidad en las zonas más frecuentadas. Es la mejor época para ver pulpos activos de noche, aunque eso requiere buceo nocturno.
El otoño, especialmente septiembre y octubre, ofrece aguas aún cálidas (24-26 grados), poca gente y una actividad de los meros especialmente alta. Es la temporada favorita de los buceadores locales.
El ferry desde Santa Pola con Tabarkeras opera desde principios de marzo hasta finales de octubre, cubriendo exactamente la ventana ideal para observar la fauna marina en todas sus etapas estacionales. Veinticinco minutos de travesía y llegas a una de las reservas marinas más bien conservadas del Mediterráneo.
Merece la pena mirarlo con atención.
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