Tabarca como refugio natural para aves marinas
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Seamos sinceros: cuando pensamos en escaparnos a Tabarca, la mente se nos va directa a las aguas turquesas, al snorkel y, cómo no, a ese caldero que justifica por sí solo el viaje desde Santa Pola. Es lo normal.
Pero existe una «Tabarca B», una cara oculta que suele pasar desapercibida si solo vas buscando sombrilla y playa. La realidad es que, si levantas la vista hacia los acantilados o escaneas el horizonte, te darás cuenta de que la isla es mucho más que turismo: es un santuario de biodiversidad.
No es una exageración. Para las aves marinas, este archipiélago es un refugio vital. Su condición de Reserva Marina y su aislamiento la convierten en una plataforma segura para descansar, comer y criar; un lujo para especies que rara vez se dejan ver en la costa continental.
Hoy te propongo cambiar el chip. Coge los prismáticos y descubre por qué este pequeño trozo de tierra es una joya ornitológica.
Un santuario protegido: La importancia de la ZEPA
Para valorar lo que tenemos delante, hay que entender dónde estamos. Tabarca y sus islotes vecinos (La Nao, La Galera y La Cantera) no son simples rocas en el mar. Forman parte de una ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves). Y ojo, esta etiqueta europea no se regala; certifica que este espacio es crítico para que muchas especies silvestres sigan existiendo.
¿Por qué eligen Tabarca? La respuesta está bajo la superficie. La salud de hierro de las praderas de Posidonia oceánica asegura una despensa llena de peces e invertebrados. Para las aves, Tabarca es un buffet libre de alta calidad.
A esto suma una orografía complicada, llena de zonas rocosas donde el ser humano difícilmente puede molestar. Tienen comida y seguridad: el combo perfecto.
Los protagonistas del cielo tabarquino
No necesitas ser un experto. Si te animas a mirar con atención durante tu paseo, o haces una ruta específica, te cruzarás con vecinos fascinantes. Aquí tienes a los más emblemáticos:
El Cormorán Moñudo: El rey de los acantilados
Si una sola ave tuviera que representar el alma salvaje de la isla, sería el cormorán moñudo (Gulosus aristotelis). Olvida al cormorán grande que ves en los ríos; este es marinero de pura cepa.
Lo distinguirás fácil: plumaje negro con destellos verdosos y, en época de cría, un característico «moño» en la cabeza que parece peinado con gomina. Tabarca tiene una de las colonias más importantes de la Comunidad Valenciana. Les encanta ocupar las rocas bajas de La Nao para secar sus alas al sol tras la pesca. Verlos lanzarse al agua es todo un espectáculo de precisión.
La Gaviota de Audouin: Elegancia en peligro
A menudo metemos a todas las gaviotas en el mismo saco, y es un error. En Tabarca vive una aristócrata: la Gaviota de Audouin (Ichthyaetus audouinii). Es mucho más estilizada y escasa que la patiamarilla (la típica «gamberra» de puerto que intenta robarte el bocadillo).
Esta es una especie amenazada. Fíjate en su pico rojo oscuro con punta negra y amarilla, y en sus patas grisáceas, nunca amarillas. Es un ave tímida, «fina», que depende de la pesca en alta mar y huye del conflicto y la basura humana. Que tengamos una población estable aquí es una señal inequívoca de que el entorno goza de buena salud.
El Paiño Europeo: El fantasma de la noche
Este es el reto difícil. El paiño europeo es fascinante, pero verlo es casi misión imposible de día. Es un ave marina minúscula, del tamaño de una golondrina, negra y con una mancha blanca al final de la espalda.
Vive casi siempre en alta mar y solo toca tierra para criar en grietas profundas, siempre de noche para no ser cazado. Aunque no lo veas en tu excursión diurna, saber que estas pequeñas aves valientes están ahí, escondidas en los recovecos de los islotes, le da un aire casi mágico al lugar.
Tabarca como parada técnica en la migración
Más allá de los residentes fijos, la isla juega un papel estratégico para las viajeras. Funciona como una estación de servicios vital para las aves migratorias que cruzan el Mediterráneo entre Europa y África.
En primavera y otoño, los matorrales salinos de la isla se llenan de vida. Pequeños paseriformes como currucas, papamoscas o colirrojos aterrizan aquí extenuados. Usan Tabarca para recuperar el aliento antes de seguir su inmensa travesía sobre el mar.
En esas fechas, la isla cambia. Un paseo en silencio lejos del puerto puede regalarte encuentros con aves que solo estarán allí unas horas. Están de paso, pero sin esta parada, muchas no llegarían a su destino.
Consejos para disfrutar del «Birdwatching» en la isla
La ornitología en Tabarca es accesible para todos. Solo hace falta curiosidad y un poco de tacto. Aquí van tres claves para disfrutarlo:
- El equipo justo: Olvídate de cargar con telescopios pesados. Unos prismáticos ligeros (unos 8×42 van genial) sobran para ver a los cormoranes en los islotes. Y si te va la fotografía, con un teleobjetivo medio captarás detalles preciosos sin invadir su espacio.
- El momento clave: Si vas a por aves, huye de julio y agosto, o al menos de las horas centrales del día. Los amaneceres y atardeceres de primavera y otoño son oro puro. La luz es increíble, la temperatura acompaña para caminar y los animales están mucho más activos.
- El silencio es tu aliado: Especies como la Gaviota de Audouin se estresan muy rápido con el jaleo. Caminar despacio y bajar el tono de voz te permitirá acercarte a la naturaleza sin que esta huya de ti.
Turismo responsable: Nuestra huella en su hogar
Visitar Tabarca es un privilegio que conlleva deberes. Es un ecosistema frágil donde la erosión y la presión humana son amenazas reales. Para que siga siendo un refugio, la convivencia debe basarse en el sentido común:
- No te salgas del camino: Muchas aves anidan en el suelo o en matorrales bajos. Un paso fuera del sendero para «la foto perfecta» puede destruir un nido camuflado.
- Llévate tu basura: Los plásticos son trampas mortales. Todo lo que cruza el mar contigo, debe volver contigo a Santa Pola.
- Nada de darles comida: El pan o las patatas fritas son comida basura para ellas. Alimenta solo tu vista; ellas saben pescar mejor que nosotros y no necesitan nuestra dieta.
Una isla llena de vida
La próxima vez que subas a la tabarkera, te invito a mirar el paisaje con otros ojos. Tabarca no es solo historia y buena comida; es un laboratorio natural vivo y dinámico.
Ver el vuelo rasante de un cormorán o distinguir la silueta elegante de una Audouin enriquece la experiencia. Nos recuerda que, en el fondo, somos invitados en su casa. Disfruta de la brisa, del mar y, sobre todo, del espectáculo alado que Tabarca tiene reservado para ti.