Tabarca para parejas: la escapada romántica que tienes a menos de una hora

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Hay escapadas que requieren vuelo, reserva de hotel con meses de antelación y un presupuesto que duele. Y luego hay Tabarca. A menos de media hora desde Santa Pola, con el Mediterráneo de por medio y sin coche de ningún tipo en la isla, hay un lugar que tiene todos los ingredientes del romanticismo sin que nadie haya tenido que montarlo artificialmente.

No hay ruido de tráfico. No hay prisas. Las calles miden lo justo para caminar juntos y las vistas al mar aparecen en cada esquina. Si buscas un día diferente con tu pareja y no quieres salir de la Comunitat Valenciana para conseguirlo, para. Ya lo tienes.

El viaje ya es parte del plan

La escapada romántica a Tabarca empieza antes de llegar. El trayecto en barco desde Santa Pola dura unos veinte minutos, y esos veinte minutos sobre el Mediterráneo, con la isla asomando en el horizonte y el agua cambiando de color a medida que te acercas, ya merecen el viaje.

Si queréis darle un punto extra al momento, elegid una salida de mañana temprano. La isla antes de que lleguen los primeros grupos del día es otra cosa: silencio, luz suave, el puerto casi vacío. Es la versión de Tabarca que no sale en las fotos de Instagram pero que se queda grabada.

Qué hacer en pareja: más allá de la playa

Tabarca tiene playa, sí, y es una playa de agua cristalina con fondo de arena y peces visibles a simple vista. Pero quedarse solo con eso sería desperdiciar la isla.

Callejear el pueblo sin mapa. El recinto amurallado de Tabarca es pequeño y perfecto para perderse sin perderse de verdad. Las calles empedradas, la iglesia de San Pedro y San Pablo, las murallas con vistas al mar abierto. Todo cabe en un paseo tranquilo de media hora que se convierte en una hora si paráis a mirar, que es lo que hay que hacer.

Snorkel en la Reserva Marina. Las aguas de Tabarca son de las más transparentes del Mediterráneo español por algo: son reserva marina protegida desde 1986. Hacer snorkel juntos sobre las praderas de posidonia y los bancos de peces que nadan sin miedo es una experiencia que cuesta explicar y que muy poca gente tiene a menos de una hora de casa. El alquiler de material está disponible en la isla.

El atardecer desde las murallas. Este es el momento. Las murallas del lado oeste de la isla, las que miran hacia la costa de Santa Pola y Alicante, recogen la luz de la tarde de una forma que no tiene parangón. No hay instalación, no hay mirador con barandilla y carteles informativos. Solo la piedra del siglo XVIII, vosotros dos y el sol cayendo sobre el Mediterráneo. Si vais a hacer una sola cosa en Tabarca, que sea esta.

Kayak al atardecer. Algunas empresas de la isla ofrecen rutas guiadas en kayak alrededor del perímetro de la isla al caer la tarde. Rodear los acantilados sur desde el agua, con la luz dorada pegando en la roca y el silencio del mar, es uno de esos planes que parece sacado de una película y que en realidad está a un billete de barco de distancia.

Dónde comer: las mesas que merece la pena reservar

La gastronomía de Tabarca tiene un argumento romántico propio: caldero tabarquino para dos, servido en dos tiempos, en una terraza con el mar debajo. Es difícil mejorar eso con velas y carta en cuero.

Restaurante La Muralla con las mejores vistas hacia toda la bahía de Alicante y Santa Pola. Cocina mediterránea, especialidad en arroces y calderos tradicionales. Su caldero es una referencia, y su arroz negro uno de los platos más fotogénicos de la isla. Reservad con días de antelación y avisad que queréis caldero al reservar; no se improvisa.

Don Jerónimo tiene la terraza con mejor posición para el atardecer. Si podéis coordinar la hora de la cena con la caída del sol, la experiencia visual está incluida sin cargo extra. Su propuesta es algo más contemporánea que los restaurantes más clásicos de la isla, con una relación calidad-precio que funciona bien para una ocasión especial sin que la cuenta arruine el momento.

Restaurante Gloria es la opción para quienes quieren ir más allá del caldero. Su gazpacho marinero, frío y con mariscos, es el aperitivo perfecto para una tarde de verano. Si reserváis con suficiente antelación, la caldereta de langosta es el plato de celebración por excelencia en la isla.

El consejo más importante para comer bien en Tabarca en pareja: reservad mesa antes de salir de Santa Pola. En temporada alta, llegar sin reserva es arriesgarse a terminar comiendo de pie o en el primer sitio que quede hueco, que no siempre es el mejor.

Quedarse a dormir: cuando el último barco no es una opción

Hay una versión de Tabarca que muy poca gente conoce y que las parejas que la han vivido repiten sin dudar: la isla cuando se van los turistas del día. Al atardecer, cuando el último barco se lleva a la mayoría de los visitantes, el pueblo recupera una calma que parece de otro siglo.

Las opciones de alojamiento en la isla son limitadas, precisamente por eso. Hay un par de hostales con habitaciones con encanto, sin lujos innecesarios pero con algo que no tiene precio: despertar en Tabarca a primera hora de la mañana, cuando el mar está en calma y el pueblo todavía duerme.

Si queréis hacer de la escapada algo realmente especial, quedaos a dormir. La cena de noche en la isla, con las murallas iluminadas y el sonido del mar, es otra experiencia completamente distinta a la del día.

La escapada que nadie espera y todo el mundo necesita

Tabarca no es un destino que impresione en el papel. No tiene aeropuerto, ni hoteles de cinco estrellas, ni gran oferta de ocio nocturno. Lo que tiene es algo más difícil de encontrar: un sitio donde el tiempo va más despacio, donde no hay distracciones y donde la única agenda es la que decidís vosotros dos.

Consultad nuestros horarios y reservad vuestra plaza. Algunos días especiales empiezan con un barco.